Tengo cuarentaidos años, y estoy casada hace diecinueve. Conocí a quien es hoy mi esposo a través de mi hermana mayor. El había sido su compañero de estudios, y se habían reencontrado después de tiempo. Al parecer estaba interesado en ella, pero como mi hermana tenía novio se fijó en mí. Fue un noviazgo veloz, en un par de meses él ya me había pedido matrimonio, y yo impulsiva como he sido siempre acepté. Yo venía de una gran decepción amorosa, por eso me refugié en los brazos de ese hombre buena gente que es mi marido, no me intereso que no fuera tan guapo y que estuviera crecidito para mí, pues me llevaba más de nueve años.

Una vez, en uno de esos malos ratos que pasa todo matrimonio, mi esposo me contó que antes de casarnos, mi hermana le advirtió sobre lo difícil que sería la vida conmigo, porque que yo era una mujer muy rebelde y voluntariosa. Cuando él le pidió que le aclare el significado de esas palabras, mi hermana le respondió:
- mejor que no quieras saberlo.
Con la sangre en el ojo, encaré a mi hermanita, y en lugar de un descargo, me confirmó lo que mi marido me había contado. Y que podía decirle yo a ella, si todo lo que había dicho era cierto, yo siempre había hecho lo que quería, lo que mi hermana no le dijo a mi esposo, era que lo que yo quería estaba siempre relacionado con los hombres. Me encaprichaba con ellos, y cuando uno me gustaba nada me detenía con tal de tenerlo. Por eso tal vez me hice la fama de chica fácil.

Sin embargo y a pesar de las advertencias de mi hermana, me casé. Juro que trate de cambiar, y lo hice durante cinco sacrificados años en los que me dediqué a mi casa. Todos los días mi esposito, salía trabajar, y yo me quedaba dedicada a las labores del hogar, limpiar, cocinar, lavar, mi única distracción era la televisión, es decir una típica y aburrida ama de casa, era evidente que no aguantaría así mucho tiempo más. Además no teníamos hijos, a pesar de que lo habíamos intentado, él estaba ansioso por ser padre, ya que pronto cumpliría cuarenta años. Yo en cambió me sentía joven a los veintinueve, y creo que también me veía así. Aunque estando casada engorde unos kilitos, ser alta y haber tenido siempre buena figura, me mantuvo en forma, lo único que me pasó fue que me puse más voluptuosa, mis senos se llenaron y mis caderas se volvieron regordetas, y como a mi me gusta usar la ropa apretada y corta, esos detalles resaltaban aun más.

Pero a pesar de mi estado de ánimo, es increíble como pasa el tiempo. Cuando llegamos a vivir al barrio no habían muchas familias, solo unas cuantas casas terminadas y muchas a medio construir. Recuerdo que como mi casa era una de las pocas que tenía el jardín cuidado, la acera frente a mi puerta, era el punto de reunión durante la vacaciones de los niños del barrio, chiquillos entre diez y doce años, traviesos y ocurrentes. Por la tarde luego de las labores, yo hacía la siesta con las ventanas de mi habitación abiertas, me divertía escuchando sus inocentes e imaginativas conversaciones, pero al llegar las clases escolares todos desaparecían y la vereda quedaba otra vez triste y aburrida. En los siguientes seis años, la presencia de los chicos durante el verano, se convirtió en parte del paisaje frente a mi casa, ya casi ni me daba cuenta que estaban allí, pero todo cambió cuando una mañana volviendo de hacer las compras, sentí el sonido de un beso, y un silbido tímido que venía del lugar donde estaban los chicos, sin hacer caso seguí mi camino, pero antes de entrar a casa, volví la mirada para verlos, los pequeños se habían convertido en unos apuesto adolescentes. Entré a casa, y deje los víveres en la cocina para correr a mi cuarto, abrí cuidadosamente las ventanas como hacía antes, con mucho cuidado para que no me descubran, y desde mi habitación los escuché, cada cual era mas osado que el otro hablando sobre mí, no eran palabras galantes ciertamente, sino duras y fogosas fantasías adolescentes, no sé si ese fue el momento preciso en que les despertó su deseo por mí, pero cada una de esa obscenas palabras entraban dentro de mí, como si fueran ellos mismos los que me penetraban. Primero los escuché con una ligera turbación, pero poco a poco esa sensación se fue convirtiendo en una gran calentura que me hizo quitarme la ropa y echarme desnuda sobre la cama para masturbarme con sus palabras.

Desde ese momento no pasaba un día sin que pensara en esos muchachos, sin que los imaginara desnudos en mi cama, uno a uno o todos juntos, cuando mi esposo llegaba por las noches yo lo esperaba en el punto máximo de ebullición, necesitaba un cuerpo, cualquiera que fuera para fantasear que los tenía a ellos haciéndome el amor.

Los días subsiguientes me desesperaba por llamar su atención, salía a comprar tantas veces como podía, y me atormentaba pensando que pronto terminarían las vacaciones y ellos estarían deseando a una maestra de inglés o a una compañera de carpeta, y no a mí. A veces incluso salía regar el jardín con un short tan pequeño, que yo misma me ruborizaba pero ya esa sensación de rubor, calmaba un tanto las ganas que tenía de tener alguno de esos cuerpos juveniles entre mis sábanas. Lo único que había logrado, hasta ahora eran algunas palabras dichas al aire en doble sentido,
- chicos, ¿quién de ustedes quisiera hacer el amor con una mujer casada? Preguntó uno de ellos,
- Yo, respondió uno
- Yo ?? respondieron todos
Quien podría dudar que esas palabras iban dirigidas a mí. Los días pasaban y también las indirectas y frases en doble sentido, parecía que lo que yo esperaba con tanta exaltación estaba por caer por su propio peso.

Un día de esos Javier el más guapo de ellos, se acercó mientras regaba el jardín a pedirme un poco de agua,
.- Es agua cruda, mejor te traigo agua mineral ?? le dije
Corrí por el agua, pero loca como soy, antes me quité el brasier, para que se me notaran los senos detrás del top apretado que llevaba, eso les gusta a los hombres, cuando mis pechos rozaban la tela, los pezones se me endurecían resaltando como un par de forúnculos gigantes y la aureola se oscurecía trasluciendo la ropa. Como ya habíamos roto el hielo, le pedí que me ayudara a meter la manguera a la casa.
- ¿quieres que te meta la manguera? ?? me dijo, era evidente el doble sentido
- Claro ?? le conteste ?? no tengo quien lo haga, y me reí coquetamente
- ¿y tú esposo? ?? me preguntó
- trabajando ?? le dije
- pero no se pondrá celoso si sabe que te estoy metiendo la manguera
- no tiene por que enterarse- le dije
Que mas señales podía darle, tomó el agua, me agradeció y se fue a sentar con sus amigos.
- Un favor amigo ?? le dije ?? si vienen a dejar una carta, que la tiren por debajo de la puerta porque voy darme una ducha-
- ¿necesitas ayuda? ?? me preguntó, y sus amigos e rieron
Eso me llenó de vergüenza y no le conteste mas que un: ??talvez?. Esa mañana, era tal mi desesperación que salí de la ducha y me pasee por el primer piso de la casa desnuda para que ellos, siempre atentos a lo que yo hacía, me vieran, iba de un lado a otro llamándolos con mis senos, y como siempre terminaba en la habitación oyéndolos por la ventana. Parecía que eyaculaban por la boca, no aguantaba más, si alguien no hacia nada, yo misma saldría a decirles que pasen, que me hagan el amor, de la misma forma que hablaban. Pero no fue necesario. Tocaron el timbre, y me cubrí con la toalla para atender. ¿Quién sería? ¿Javier?, ¿Mauricio?, talvez Sergio o Dani, no importaba, mejor si eran todos juntos. Me asomé a la puerta para ver, era Javier.
-Amiga ¿puedo pasar? ?? me preguntó
No me dijo señora, ni me pidió un favor, ni busco una excusa para tocar el timbre, era evidente que venía decidido.
- ¿Te ha visto alguien? ?? le pregunte yo
- No nadie - respondió
- Estoy sin ropa ?? le advertí
- Si ya sé - me dijo
- ¿vienes a ayúdame? ?? le pregunté
- Claro, abre- me contestó
Abrí la puerta y lo deje pasar. Le pegue una sonrisa hambrienta, y lo miré de pies a cabeza, él tampoco dijo nada, no sé si fui yo o él quien tomó la iniciativa pero nos besamos en la boca, la toalla cayó hacia el piso, en ese momento fue directo con la boca hasta mis senos, me estremecí, tenía un escozor irresistible en los pezones, y me quebré hacia atrás, él me hecho en el piso, y empezó a bajarse los pantalones.
-Aquí no- le dije- vamos al cuarto
Subimos de la mano, y el me iba apretando las nalgas con la otra a cada paso. En la habitación me agaché para que no me vieran los otros vecinos desde la calle, cerré las ventanas y las cortinas, cuando volteé el ya estaba denudo sobre la cama, no necesitábamos preámbulos, yo solo quería tener su pene dentro mío. Nos revolcamos en la cama, primero el arriba y luego yo, besándonos, sobándonos, yo lo mordía de nervios, me desesperaba verle esa cosa grande temblando morada frente a mí,
- métemela por favor ?? le pedí
él me abrió las piernas con una mano, con la otra seguía masajeando los senos, nunca había sudado tanto, las gotas me caían a borbotones de todas partes. Cuando me introdujo su pene, sentí como si las cosquillas todas se hubiesen juntado en mi vulva, di un gemido largo y profundo, todo mi cuerpo se escarapelo, sentí que tenia ganas de orinar de tanto placer, y cuando se empezó a mover, me dolían todas las articulaciones, era como si me estuviera pisando un asno enloquecido, los orgasmos me venían uno tras otro, ya no me importaba si afuera escuchaban, gritaba , en realidad daba mugidos como una vaca en celo, le hacia heridas en el pecho de tanto mordisco descontrolado. Cuando terminamos, ambos caímos desvanecidos, de afuera sus amigos arrojaban piedritas a la ventana, él se puso de pie y les hizo un gesto detrás de la cortina, para que se vayan. Volvió a la cama, hicimos el amor otra vez, esta vez con mas ferocidad, parecía una pelea de perros salvajes degollándose, la cama estaba empapada, por un instante me puse nerviosa pensando en lo que haría con ella para que mi marido no se diera cuenta que me habían devorado sobre ese catre mientras el trabajaba. La tercera vez yo tuve un orgasmo rápido, el que todavía no había terminado, me puso en cuatro patas como una perra, y me penetró la vagina desde atrás, en esa posición tuve seis orgasmos más, luego me echó de espaldas y puso mis piernas sobre sus hombros, su pene en esa posición me entraba en toda su longitud, grande y gorda, tan dura como ya no recordaba que podían ser las ??pingas?, tan caliente y resistente, y en cada entrada y salida se le tensaba los músculos de los brazos y del pecho y eso me excitaba aún más. Después que él eyaculó por fin pudimos conversar un rato, me contó de sus novias, de las mujeres con las que se había acostado, de su primera experiencia, con la señora Irma de la bodega, y todos esos relatos potenciaban mi excitación. Lo hicimos tres veces más antes de que se fuera cerca de las cinco de la tarde, la última vez no pudo terminar, me dijo que le dolía el pene y a mi también me dolía hasta todo. Se fue, ahora tenia que ponerme a cocinar, antes que mi marido llegase.
Durante esas vacaciones me acosté con Javier varias veces, y otras tantas con Dani, Sergio y los otros chicos, fueron unas buenas vacaciones para ellos y para mí. Nunca me olvidaré de ese verano, porque fue justo por esos meses que quedé embarazada. Desde esa vez pasó mucho tiempo para que le volviera a ser infiel a mi marido, era como si mis ganas de hombres se hubiera saciado. Como la barriga me empezó a crecer, mi esposo me puso una empleada para que me ayude, así los chicos ya no pudieron venir a casa. La más contenta seguro fue la señora Irma de la bodega.