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Tema: Perdí mi virginidad con engaños, pero me gustó

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    mayo-2011
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    Perdí mi virginidad con engaños, pero me gustó

    En Veracruz era común que los muchachos se desnudaran y convivieran desnudos sin importar prejuicios. Solían nadar en el río o desnudarse cuando llovía o jugar con sus penes en los cerros, a ver quien eyaculaba más lejos. Se llegaban a agarrar y a masajear las vergas y los testiculos entre ellos para hacerse bromas. Tambien se agarraban las nalgas y metian los dedos en la raya que las separaba para toquetear el ano, todo esto por encima de la ropa. No era algo aprobado por los adultos, pero también era algo que no se decía. Eso quedaba entre los integrantes de grupo.

    En una ocasión, yo trabajaba en un teatro con fuente de sodas que también era dulcería. Yo tenía 11 años de edad y me encargaba entre otras cosas, de despachar a quienes compraban dulces o paletas y hacíamos la limpieza del lugar. Habíamos varios trabajadores para estas actividades, pero yo era el más chico. Me acuerdo de Nicolás, que era unos meses mayor que yo, y de Fernando que andaba cerca de los 14 años. Había otras personas que hacían otras actividades, casi todas eran adultas.

    Recuerdo que una vez mientras hacíamos la limpieza de la sala, nos tomamos un descanso y nos sentamos todos desparpajados en la primera fila, la sala estaba en penumbras. Primero estaba Nicolás, luego Fernando y después yo. Entre la obscuridad me di cuenta que Fernando se estaba acariciando su verga por encima del pantalón y así estuvo un rato. De repente Nicolás se paró y nos dijo que hiciéramos competencia de haber quien eyaculaba más lejos, “pero tu Fernando dos filas atras porque siempre nos ganas con la manguerota que te traes”. Esto me dió la impresión de que no era la primera vez que jugaban. La idea era que al eyacular, el esperma se acercara lo más que se pudiera a una valla que estaba como a tres metros y medio para impedir que la gente se acercara a la escena.

    Fernando se paró y dijo “no, yo me quedo aqui con ustedes”; y al verlos ya dispuestos, pues ni modo, yo también me tuve que parar. Cuando me estaba desabotonando el pantalón, Nicolás dijo: “No manches Fernando, con esa verga pareces burro”. En ese momento volteé a verlos y Nicolás tenía razón, Fernando había sacado la verga más grande que había visto en mi vida, los demás éramos “de tamaño normal” para nuestra edad pero Fernando no traía una manguera como dijo Nicolás, bueno yo nunca había visto una manguera tan gruesa. Su pene estaba “dormido” pero se veía colosal. Nicolás estiró su mano y agarró el enorme pene de Fernando, lo recorrió en toda su longitud, maravillado, dándole pequeños apretones y me dijo: “mira, tócalo para que veas cómo se siente de suave y luego lo vuelves a tocar cuando esté bien parado”. Con esto me pude percatar que no era la primera vez que Nicolás acariciaba la verga de Fernando, quién agradecía con la mirada los apretones y la sobada.

    Yo me sentí confuso ante tal propuesta y solo me quede viéndolos, pues ellos estaban muy concentrados en la enorme verga. “Anda, tócala. Se siente padre” me volvió a decir Nicolás, “Anda, tócala” insistió. Finalmente yo estiré la mano un tanto sacado de onda y agarre el tronco de la verga de Fernando. En efecto pude comprobar que estaba suave y además cálido y observé con admiración que mi mano no alcanzaba rodear en su totalidad el grosor de su verga, me imagine que cuando se pusiera bien parada menos podría. Realicé el mismo recorrido que hizo Nicolás sobando y dando apretones hasta que llegue al glande que parecía un casco de bombero ancho de la base y alargado de la punta, el cual era demasiado grande, no cabía en mi mano.

    Un tanto abochornado deje esa tarea y me concentré en lograr mi erección, pero si estaba al pendiente de cómo evolucionaba la de Fernando. Pude notar que ya no estaba flácido y que se le iban marcando las venas alrededor del tronco que le daban un toque de vigor y poderio. Los movimientos de su mano eran lentos, recorría desde la punta hasta la base sin ninguna prisa. Regresaba nuevamente a la punta y estrujaba el glande y así una y otra vez, hasta que de repente nos dijo “¡ya lo tengo bien parado!”. Entonces ni tardo ni perezoso, Nicolás lo agarro con una mano y le dio sus sobadas y apretadas recorriendo toda la extensión del miembro y dijo “por más que intento apretarlo para rodearlo con mi mano, no puedo”, así que se conformaba con recorrerlo de arriba abajo con movimientos muy rápidos ante la complacencia de Fernando, quien volteó a verme y me dijo “¿no la vas a agarrar tu?” y yo le asentí con un movimiento de cabeza, mientras contemplaba el trato que recibía su duro instrumento por parte de Nicolás.

    La verdad es que aunque ya se me había quitado el nerviosismo no me atrevía a tocarlo, pero si quería saber lo duro que se le ponía. Así que mi turno llegó cuando, después de un rato de apretones y sobadas por parte de Nicolás, con un movimiento de su mano lo apuntó hacia mí y me dijo las palabras mágicas “te toca”. Nuevamente me dispuse a tocar ese pene que tenía enfrente. Esta vez lo agarre con mi mano derecha y “guau” parecía un tronco de corazón duro y corteza suave. Sedoso al tacto pero con la firmeza del mármol, sus venas resaltaban y lo hacían verse hermoso, robusto, poderoso, su glande estaba tan hinchado como un durazno alargado. Lo recorrí en su totalidad, era enorme, largo, grueso y cabezón, parecía una escultura hecha por un artista. Lo acaricie cuan largo era, sobando y apretando y parecía que con las fuertes apretadas que le estaba propinando se ponía cada vez más duro, mis sobadas iban siendo más rápidas desde la raíz hasta la encendida cabeza, imitando lo que había hecho Nicolás.

    Fernando estaba pasivo, no hablaba, solo disfrutaba. Se dejaba llevar. Nicolás y yo nos sentamos en nuestras respectivas butacas para facilitarnos la labor, su enorme verga nos había quedado a la altura de la cara, yo seguía aferrado a esa mole de carne sobándola de arriba abajo, mientras que Nicolás empezó a sobarle los testículos. ¡Entre los dos lo estábamos masturbando!. Mis movimientos empezaron a ser más rápidos y Fernando comenzó a balbucear “más rápido, más rápido” mientras emitía gemidos de placer. De repente tomó mi mano y la retiró del pene solo para llenarla de saliva y nuevamente permitió que yo rodeara esa barra de carne que estaba acariciando y ensalivando para una mejor lubricación. La sensación fue diferente, pues mi mano se deslizaba con mayor facilidad mientras Fernando seguía echando saliva en su pene. Eso aceleró los movimientos que le estaba prodigando, pero parecía que no eran suficientes porque puso su mano encima de la mía y aceleró aún más el movimiento hasta que parecía un embolo, la velocidad de mi mano con su ayuda era vertiginosa, y luego de un quejido más largo, con un movimiento de cadera hacia delante recorrió mi mano en toda la extensión de su pene desde el glande hasta la raíz y ahí la presionó sobre el duro tronco. Yo sentí las palpitaciones del pene y casi pude sentir la presión del esperma al pasar y que ya salía a borbotones regando todo a su paso.

    Por cada chorro de esperma Fernando lanzaba un gemido de placer, la presión de los chorros era tan grande que rebasaban la valla una y otra vez. Yo ya había retirado mi mano de su pene, lo que había pasado me había excitado mucho y estaba concentrado en masturbarme sin perder detalle en el semen de Fernando que seguía acumulándose cerca de la valla pues los chorros parecían no tener fin. Parecía que se estaba tirando un litro de espesa crema. Nicolás estaba trabajando su pene y yo también. La eyaculación de Fernando que parecía no iba a tener fin de repente cesó y como pudo se dejó caer en la orilla de su butaca y hecho su cuerpo para atrás para recargarse en el respaldo, después estiró sus piernas cuan largas eran y el resultado fue sorprendente su pene emergía de su vientre como el mástil de un barco, todavía le salían residuos de semen que al escurrir por el tronco se asemejaba a un volcán en erupción. Parecía que no había perdido nada de su rigidez y su mano seguía recorriéndolo de arriba abajo. Yo sentí que ya estaba a punto de eyacular así que solté el torrente de “leche” pero no llegue a la meta, poco después Nicolás también eyaculó y terminamos esa competencia. Nos limpiamos y seguimos trabajando. A mí me toco limpiar con la escoba los espermas que todos arrojamos en el suelo pero seguía impresionado con los de Fernando pues me costó más trabajo por la cantidad y porque tuve que ir del otro lado de la valla y también limpiar los barrotes. ¡No manches!. Si no hubiera visto, no hubiera creído que de un pene pudiera salir tal cantidad de esperma. Ese juego lo repetimos en varias ocasiones y Fernando procuraba quedar en medio de los dos para que le acariciáramos su pene y el también pudiera acariciar los nuestros y cuando eyaculábamos se repetía la historia, Fernando arrojaba “un litro” y casi todos sus chorros llegaban mas allá de tres metros.

    En otra ocasión nos sentamos a mitad de la sala y Fernando saco su vergota flácida aun pero con su tamaño impresionante. Empezó a sacudirla lentamente y luego quiso guardarla pero Nicolás no se lo permitió arrebatándosela de las manos y se puso a jugar con ella, después la soltó y nuevamente Fernando quiso guardarla y yo no se lo permití y la acaricie un rato; y luego Nicolás y otra vez yo y Fernando feliz con su troco bien erecto y bien manoseado. De manera espontánea Fernando nos empezó a comentar que era bien rico cogerse a una vieja y que él tenía suerte porque ya se había cogido a su novia, a la hermanita y hasta a la mamá. Nos comentó que ellas eran sus vecinas de la casa de al lado. Su novia se llamaba Sandra y estaba a unos meses de cumplir 13 años, su hermanita Silvia era dos años menor y la mamá andaba por los 28. Al poco tiempo de andar con Sandra la convenció de que hicieran el amor, no fue difícil para ella tomar la decisión porque unos meses atrás le había gustado perder su virginidad con un tío, el hermano más chico de su mamá, mientras ella no estaba en casa porque trabajaba en la oficina municipal por las mañanas.

    Mi novia y su hermanita iban a la escuela en la mañana, dijo Fernando, y regresaban unas horas antes que su mamá. Así que muchas veces, cuando yo iba a comer, esperaba a que Sandra cruzara su patio para ir al baño y rápido me brincaba la cerca de piedra que separaba nuestras casas y nos encerrábamos en el baño para que no nos viera su hermanita y ahí cogíamos hasta que nos cansábamos. “Te la has cogido también por el ano?” preguntó Nicolás. Si varias veces pero después que me enseñó su mamá a coger por el ano, antes solo me cogía a Sandra por la vagina porque aunque ya no era virgen siempre se resentía en las primeras metidas pero cuando ya estaba lubricado solita se la ensartaba toda. “Y cómo fue que su mamá te enseño a coger por el ano”, volvió a preguntar Nicolás. “Bueno…” dijo Fernando, la verdad es que hemos cogido por los dos lados y me la ha mamado bien rico aunque apenas le quepa el glande en la boca. ¿Y qué cómo empezó todo?, pues un día estaba cogiéndome a Sandra en el baño, ella estaba de pie de espaldas a mi, con la piernas separadas y con sus manos apoyadas en la letrina, no traía calzones y yo le tenía su falda levantada sobre su espalda así que me dejaba a mi antojo sus hermosas nalgas y sus dos agujeros, aunque en ese tiempo solo me la cogía por la vagina. Yo tenía mi pantalón botado en el piso, así que mi erecta verga ya entraba y salía fácilmente y en cada arremetida se la encajaba toda y le arrancaba largos pujiditos de placer, que ella trataba de callar para no delatarse con su hermanita, pero de repente mientras mi verga avanzaba decidida hacia los interiores de esa apretada vagina, se abrió la puerta del baño y apareció la mamá de Sandra para ser testigo presencial de que yo tenía perfectamente ensartada a su hija con toda la extensión de mi tiesa verga. Ella se notaba muy enojada y comenzó a gritarnos sobre que estaba pasando ahí. Yo me separé de inmediato de mi novia, quien, al sacar mi gruesa verga de su vagina, todavía lanzó el último quejido de placer a pesar de que su madre estaba ahí, pero ella pareció no percatarse del incidente pues al ir dejando al descubierto mi robusto pene que se veía tan brilloso por los fluidos vaginales de Sandra, su mamá clavó la mirada en cada centímetro que iba apareciendo frente a ella con una cara de sorpresa, como si no pudiera creer lo que estaba viendo.

    Con un leve chasquido como en señal de protesta, la vagina de su hija quedó al fin libre de tan macizo visitante y la señora pudo apreciar en todo su esplendor mi colosal instrumento y mientras Sandra se incorporaba y se bajaba su falda, ella pudo recorrer lentamente con embelesada mirada toda la extensión de mi enorme verga en plena erección como hipnotizada, pero al cabo de unos instantes pareció reaccionar y me dijo en un tono más calmado pero sin dejar de mirar mi enorme verga y jalando del brazo a su hija, “cúbrete y vete a tu casa Fernando, después hablamos”. Se dio la media vuelta, salieron del baño y regresaron a la casa. Yo hice lo mismo y regresé a la mía. Yo pensé que Sandra iba a ser severamente castigada y que después su mamá me acusaría con mis padres, pero extrañamente no fue así. Al día siguiente Sandra me platicó que lo único que le dijo su mama fue que se cuidara mucho para no salir embarazada y que se veía sacada de onda.

    Unos días después vi a la señora que estaba barriendo la calle y cuando la saludé me dijo que no estaban sus hijas que se habían ido a la escuela, que si le podía ayudar a mover unas cajas cuando tuviera tiempo, yo le dije que si quería en ese momento las podíamos mover. Y pues manos a la obra, dejó de barrer y entramos a su casa. Ella me dijo pásale a la sala, ahorita te alcanzo voy a guardar la escoba. Yo esperé de pie en la sala pensando que a lo mejor quería hablarme sobre lo que vio el otro día entre Sandra y yo, luego escuche ruidos en la cocina y de repente ella apareció en la sala totalmente desnuda y me dejó con la boca abierta. ¡Qué cuerpazo tenía la señora! Parecía que estaba viendo a Sandra en persona con sus curvas de ensueño, pero todavia más buena. Ella notó mi turbación y se me acercó y empezó a acaríciame el pecho mientras decía, “mi marido ya cumplió año y medio que se fue al otro lado y desde ese tiempo no he estado con un hombre”. Y al tiempo que empezaba a acariciar mi pene por encima del pantalón agregó, “yo sé que eres casi un niño pero el otro día te vi un pene que ya quisiera tener mi marido, yo creo que no te llega ni a la mitad tanto en largo como grueso. No me importa que sigas cogiendo con Sandra pero también quiero que me cojas a mí, ese será nuestro secreto.” Sin decir otra palabra se arrodillo frente a mí y me bajó los pantalones y mi pene apareció frente a su cara, ella lo tomo con sus manos, maravillada y lo examinó centímetro a centímetro y pudo darse cuenta que no podía rodearlo con los dedos y finalmente exclamó “¡Que hermosa verga tienes, que grande y gruesa está!. ¿Sabes cuánto mide de largo? Me preguntó. Si, veintinueve centímetros de la punta hasta la base y 17 centímetros de grosor. ¡Wow! dijo ella, todos estos días no la pude apartar de mi mente, tampoco pude olvidar la cara de placer que tenía mi hija cuando los encontré cogiendo. Por un agujero en la pared los estuve espiando durante largo rato y me percaté que se la estabas metiendo toda con gran facilidad y que a ella le encantaba pues se veía que lo estaba disfrutando tanto y suspiraba más cuando la ensartabas por completo hasta la raíz, cuando no quedaba ni un milimetro de esta sabrosa verga, larga, gorda y cabezona fuera de su vagina. Me estuve preguntando cómo le pudo caber a Sandra semejante vergota y me imagine el placer que me podía ocasionar a mí. Ya muero de ganas de que me la metas toda por donde tú quieras.”

    Y acto seguido la dirigió a su boca y se zampó la cabeza y un poco más y me hizo experimentar sensaciones que no había sentido antes. Me prodigó las más excitantes caricias hasta que irremediablemente, ahí de pie frente a ella, descargue en su boca los primeros torrentes de esperma que, aunque sorprendida por la gran cantidad, bebió ávidamente hasta la última gota. Y ese día me la cogí por todos lados, primero por la boca, luego por la vagina y al final me pidió que me la cogiera por el ano y así lo hice. Al principio parecía imposible que mi glande penetrara en su estrecho agujero posterior, pero utilizando una técnica que ella dominaba muy bien, se la engulló toda, hasta la raíz. Se notó que le gustaba mucho sentir atiborrado de verga su agujero posterior pues se movía muy rico ensartada en mi pene y eso también me gustó a mí. Ella es una experta. No supe cuantas veces eyaculé, pero la señora quedó satisfecha y rebosante de mi “leche” y desde ese día procura que no estén sus hijas y me busca para coger.

    Yo sigo cogiéndome a Sandra y a veces cogemos por el ano lo cual no le atrae mucho, pero cuando lo hacemos no le parece desagradable sentir su ano penetrado por mi gruesa lanza. Si le gusta, pero le encanta más por la vagina. Nunca le he platicado de su mamá, pero también con ella tengo otro secreto. -“Cual”, dije yo. Pues resulta que un día llegue a visitarla y me pasó a su recamara porque su hermanita Silvia no estaba y también cuando estábamos cogiendo ella apareció y se quedó petrificada cuando vio que yo tenía ensartada a su hermana por el ano y sin saber cómo, la convencimos y con la ayuda de Sandra me la empecé a coger también por el ano porque ella todavía es virgen. Para su edad, Silvia también tiene las nalgas muy desarrolladas y su ano muy apretado y a diferencia de su hermana apenas le está saliendo el vello púbico. Se ve hermosa casi lampiña. Al principio le dolieron las primeras metidas mientras Sandra le acariciaba su clítoris pero después lo disfrutó tanto que me pidió que se la metiera toda ante la mirada de deseo de Sandra. Y así lo hice y ella nadamás suspiraba y gemía de placer. Y ahora cada vez que podemos, me cojo a la mamá por donde ella quiera, a Sandra por donde ella quiera también incluso ya hasta me lo está chupando, también me cojo a su hermanita por el ano y solo es cuestión de tiempo para que me entregue la virginidad de su vagina y sepa lo rico que es coger por ahi.

    Fernando suspendió la plática cuando alguien nos gritó que nos apuráramos con la limpieza de la sala y como pudimos nos guardamos nuestros penes que se encontraban erectos. A Fernando se le complicó más por su gran tamaño pero cuando lo logró regresamos a nuestros deberes.

    Un día me dijo Fernando que a la hora de la comida había quedado de verse con Sandra en su casa porque su mamá no iba a ir a comer y que si quería que lo acompañara. El se cogería a su novia y yo podría coger con su hermanita Silvia. La oferta me pareció atractiva y le dije que sí. Así que manos a la obra y a la hora de la comida pedimos permiso porque íbamos a comer a su casa y nos fuimos en su bicicleta. El manejaba y yo iba en la parrilla de atrás. Cuando estábamos por llegar a su casa me dijo que tenía ganas de hacer del baño, que nos íbamos a desviar para pasar cerca del rio y yo le dije que no había problema. Así que llegamos hasta el rio, nos bajamos de la bicicleta y buscó un lugar con arena y arbustos junto a un árbol cerca de la orilla. Se bajo los pantalones y se agacho. Yo me quedé junto a la bicicleta esperándolo, imaginándome que en unos momentos más estaríamos cogiéndonos a las hermanitas calenturientas.

    De pronto me llama Fernando y yo me acerque porque pensé que a la mejor necesitaba algo para limpiarse y cuando llegue con él se levanto y pude observar que su verga estaba bien erecta y no había hecho del baño y me dijo que por pensar en Sandra se le había parado y que así no podía hacer del baño que si le ayudaba. Yo me quede sorprendido porque no me imaginaba como le podía ayudar y el continuo: “Si me ayudas a que tenga una eyaculación se me baja y ya puedo evacuar y luego nos vamos con las muchachas”. Todavía inocente le dije: “quieres que nos masturbemos juntos a ver quien llega más lejos”. “No”, dijo él, “lo que quiero es que me masturbes y despues me dejes cogerte por el culo”. “¿estás loco? le dije, mejor ya vámonos y cogiendo con tu novia te la bajas”. Pero el insistió mientras se acariciaba su enorme verga erecta frente a mí con una mano, porque sabía que me encantaba acariciarla “No puedo llegar así, déjame cogerte a ti y te doy los cien pesos que traigo aquí, mira aquí están” y de la bolsa de la camisa los saco y me los enseño. La verdad que en ese tiempo cien pesos eran muchos, por eso es que dudé en darle una negativa rotunda, pero le dije mientras recorría con la mirada su enorme verga erecta como un mástil: “como crees que me va entrar, seguro me dolería mucho”. “No te va a doler, yo sé cómo hacerlo para que no duela, la mamá de Sandra me enseñó, vas a ver que hasta te va a gustar y luego nos vamos con las muchachas”. Después de pensar lo que podría comprar con cien pesos, le di una mirada más a su tremenda erección como sopesando el tremendo tronco que me iba a romper el culo, lo vi a él y recorrí con la mirada los alrededores y pude percatarme que difícilmente pasaría alguien por allí y le dije: “¿Y si me duele se acaba el trato y me quedo con los cien pesos?” y él me dijo “¡Juega!, pero no te va a doler”.

    Así que de repente me vi delante de Fernando, sin pantalones, en cuatro puntos sobre la arena y con las nalgas levantadas. El también se había quitado los pantalones y se montó a horcajadas encima de mí para estar a la distancia y que pudiera enfilar su enorme verga erecta hacia mi pequeño agujero de apenas 11 años. Yo creo que deleitándose con la vista que tenía enfrente se ensalivó la mano y empezó a lubricar su pene masturbándose. Yo volteé la cabeza para verlo y vi que su pene era enorme, yo ya sabía lo duro que se ponía y la gran cantidad de espesa leche que arrojaba en cada eyaculación, se veía grueso, largo y cabezón y brilloso por la saliva, y pensé que me dolería mucho cuando me entrara y cuando estaba a punto de deshacer el trato, el consideró que su verga ya estaba bien lubricada y volvió a ponerse de su viscosa saliva en los dedos generosamente y me la untó en el ano y en toda la raya de mis nalgas, creo que era demasiado tarde. El toque de sus dedos ensalivados alrededor de mi ano me dio un repentino sobresalto, él flexionó sus rodillas y de inmediato pude sentir su caliente glande posándose en la entrada y lo frotó una y otra vez a lo largo de la raya de mis nalgas, hasta que lo dejó quieto exactamente en el centro del remolino perfectamente lubricado y ahí lo mantuvo por un momento, mientras me decía: “ponte flojito, voy a empujar despacito, firme pero despacito, vas a ver como no te va a doler” y yo le dije “vas a ver como no me va a caber” y él dijo “pues vamos a ver, porque a la hermanita de Sandra ya se la metí toda y es un poco mas chica que tu”.

    Así que le hice caso y me puse flojito y yo creo que él se percató porque de repente sentí el primer empujón y grite aaaaaaaahhhhhhhh y pude sentir como mi lubricado esfínter se distendió a todo lo que pudo para dar cabida a esa enorme y resbalosa cabeza que pasó completa, arrancandome la virginidad de mi culo de un solo tajo, ¿cuánto más me entró? no lo sé, porque de inmediato sentí un dolor agudo que me hizo hacerme para adelante separándome de él. Me volteé sobre la arena y le dije “aaaaayyyy ya ves que si me dolió, ya no quiero seguir” y él me dijo “sí, así es, yo sabía que en el primer empujón te dolería, pero ya en los demás no va a ser así y mira si quieres tu ensalívame bien el pene y vas a ver como ya no te dolerá”. “No, ya no quiero seguir, me está doliendo mucho”, le dije yo mientras ponía mi mano derecha sobre la ensalivada raya de mis nalgas y apretando el ano para mitigar un poco el agudo dolor que me taladraba. “Ya se te pasará, mientras ensalívame la verga” me dijo en tono de orden y escupió sobre su glande. “Está bien” dije yo con cierto gusto por manosear el duro pene como en otras ocasiones aunque no muy convencido con la futura introducción, así que sentencié “pero si me vuelve a doler ya no voy a seguir”.

    Como pude me puse de rodillas y él se colocó delante de mí quedando su enorme verga erecta frente a mi cara. Sin dudarlo me eche suficiente saliva en las manos y con ambas empecé a recorrerla en toda su magnitud. Como me ¡gustaba tener esa verga en mis manos!, era realmente placentero sentir su dureza y grosor. Fernando también se echaba saliva y yo con entusiasmo le sobaba esa barra de carne que se veía magnífica, poderosa, capaz de perforar lo que se le pusiera enfrente sin ningún problema. Ya había sentido mi esfínter de lo que era capaz pues de un solo empujón se convirtió en la dueña de una ensanchada circunferencia, sin rastro alguno de haber tenido pliegues. Mientras recorría toda la barra de su colosal verga, mi boca quedaba a la altura de su reluciente glande y de vez en cuando escupía sobre la rajadita de la suntuosa cabeza y una de mis manos recogía la saliva y la untaba desde la punta hasta los testículos, que ya estaban bastante húmedos. De repente Fernando me pidió que le besara la hinchada cabeza y yo sentí que las mejillas se me ponían rojas, se la había acariciado muchas veces pero eso que me pedía nunca lo había hecho, pero al tenerla ahí tan cerquita de mi boca como nunca antes, no dudé en acercar mis labios para depositar un tronado beso sobre el enorme glande. Cuando plantaba el beso pude aspirar su magnífico aroma, era delicioso. Así que prolongué lo más que puede el contacto del pene con mis labios y mi nariz. Que calientita se sentía y el olor que desprendía me enervaba los sentidos. Después del primer beso me desinhibí y vinieron otros en toda la reluciente cabeza, ya no tronaban como el primero sino que mis húmedos labios se deslizaban sobre la suave piel del glande disfrutando del aroma y el calor. Mientras lo colmaba de besos, yo seguía sobando la maciza verga con mis dos manos y a veces entre beso y beso sacaba mi lengua para echarle más saliva y con la misma lengua la untaba por la hendidura y la superficie del pene y sentía que Fernando se estremecía a más no poder. Pero parecía que eso no era suficiente para él porque agarró con su dos manos mi cabeza y cuando saque mi lengua para lamerlo, dirigió mi boca hacia su inmenso glande y sin poder hacer nada, me introdujo de un solo movimiento su amoratada cabeza mientras me decía "Vamos trágatela".

    Yo abrí lo más que pude mi boca para no morder aquel enorme pene, su cabezota era extremadamente ancha y llenaba por completo mi boca, no cabía nada más, al principio me sentía atragantado y me lastimaba la quijada al tener que abrirla tanto, pero luego me adapté y hasta comencé a succionar con avidez aquel sabroso glande que casi me perfora la garganta. Era delicioso tener ese glande por completo en mi boca, mis labios lo rodeaban y se afianzaban al duro tronco, mientras que mi lengua lo recorría por completo en mi interior pero centraba los esfuerzos en penetrar la boquita de ese pene tan sabroso. De vez en cuando sacaba de mi boca semejante vergota y le arrojaba borbotones de saliva que luego lamía desde la cabeza hasta sus bolas para dejarlo perfectamente lubricado, así podía coger un poco de aire para seguir mamando fuertemente ese suculento manjar. En todo ese tiempo, Fernando permaneció con sus ojos cerrados como una premonición del placer que iba a sentir cuando me tuviera con el ano perforado hasta el fondo y ensartado como si fuera una mariposa. En tanto, el dolor de mi ano ya había cesado y yo solo podía sentir en mis manos la dureza de su pene a tal grado que con mis sobadas y mamadas parecía que crecía un poco más y así empapado de saliva y perfectamente lubricado empecé a tener muchas ganas de sentirlo dentro de mí, hasta el fondo con todo lo que tenga, no importa que me destrozara, así que me dije "Seré valiente, tengo que aguantarlo completo, me tiene que gustar tambien".

    Ya sin dolor y con esa nueva motivación, yo volví a la posición de cuatro puntos y Fernando me dijo que levantara lo más que pudiera mis nalgas para dejar más descubierto mi pequeño ano, expuesto al ataque del invasor. Me dijo “ahora lo vamos a hacer diferente, como me enseño la señora. Te voy a untar saliva, te pongo mi glande y tu aprietas el culo, yo empujo y luego cuando yo te diga lo aflojas y el pene entrará un poquito. Después retiro el glande, te unto nuevamente saliva y otra vez tu aprietas, yo empujo, entra y retiro, y así hasta que ya no se pueda más, ¡sale!”. Y pues así lo hicimos. Yo aprieto, el empuja, entra un poco, lo saca, me unta saliva y vuelvo a apretar y en cada intento mi esfínter desaparecía al paso del glande y lo forraba al pasar. Cuantas veces hicimos eso, la verdad no lo sé, pero lo que si supe es que en cada empujón su maciza verga entraba un poco más y pude sentir como iba distendiéndose el conducto de mi ano y me sentía lleno, atiborrado, ya no me dolió como al principio pero era molesto. En cada empujón sentía un ardor por donde pasaba y un gran alivio cuando salía. Pero así seguimos, en verdad me quería ganar esos cien pesos pero lo mejor es que quería sentir su enorme verga erecta penetrarme hasta el fondo como a la hermanita de Sandra. Fernando empujaba suave pero firme, y en cada intento su enorme verga entraba un poco mas hasta que sentí que topó con algo y sentí un poco de dolor y le dije que hasta ahí la metiera que ya había llegado hasta el fondo y él me contestó que estaba bien, que hasta ahí la iba a meter pero que me diera cuenta que no me había dolido como al principio y eso que ya me había metido más de la mitad. Yo me quedé atónito, pero me sentía repleto, atiborrado con semejante verga, no me imaginé que hubiera entrado tanto. Así que por curiosidad me asome por abajo y solo vi mi pene y sus testículos, entonces volteé y con mi mano toqué el hinchado tronco de su verga y lo quise agarrar pero apenas pude rodearlo con mi mano, me lo había metido mucho.

    Fernando se quedo quieto un momento como esperando que mi cavidad se acostumbrara al visitante o disfrutando la presión que ejercía mi ajustado ano a lo largo de su gruesa verga. Cuando consideró que ya era suficiente, me dijo: “Ahora la voy a sacar despacito y luego la vuelvo a meter despacito, ¡sale!” y empezó el movimiento. La sacaba un poco y la volvía a meter, despacito, suave. Yo gemía y jadeaba y sentía que las paredes de mi culo se adherían al visitante como si no lo quisieran dejar salir. Un poco más afuera y lo volvía a meter y así hasta que lo podía sacar casi todo y después lo metía hasta donde me lastimaba. Yo estaba muy atento para decirle hasta donde. En cada metida y sacada el ardor estaba presente, pero era soportable y esperaba con temple y valor las metidas y sacadas que Fernando me propinaba, quien las iba haciendo más rápidas y en la medida que iba acelerando las envestidas, el ardor iba desapareciendo y empecé a sentir cierto alivio porque parecía que ya todo estaba lubricado y perfectamente amoldado a su deliciosa verga. También ayudaba un poco que entre metida y sacada de su enorme pene, el acariciaba y masturbaba el mío que se encontraba en plena erección, y me sobaba los testículos. Yo estaba recibiendo atención por los dos lados.

    Fernando seguía acelerando sus movimientos hasta que estos se volvieron rapidísimos y mis gemidos se volvieron gritos. Ya no sentía lo duro, sino lo tupido. yo gritaba y gemía y eso a él no parecía importarle, ya no era dulce y gentil sino se había vuelto brusco y agresivo y muy mandón, se comportaba como cuando alguien tiene el control, como cuando alguien tiene el sartén por el mango y eso era claro, pues a mí me tenía ensartado como mariposa y me decía que tenía un trasero firme y delicioso y que jamás se hubiera perdido la oportunidad de destrozármelo, de dejarme el boquete enorme con su verga adentro y tambien me comenzó a decir que sé notaba que ya me está gustando porque me estába moviendo muy sabroso con sus arremetidas y hasta salía al encuentro de su gruesa verga como una verdadera puta caliente. Entonces me dio varias nalgadas muy fuertes y me decía de lo cachondo que yo le traía desde el primer día en que le estve sobando su verga.

    En realidad no me di cuenta cuando desapareció el ardor y cuando me empezó a parecer agradable, pero si pude percatarme que ya no había nada que impidiera que esa gruesa y larga verga entrara y saliera a sus anchas, incluso que Fernando tenía razón, hasta me empezaba a gustar. La fricción que ejercía su pene sobre las paredes de mi ano me estaba provocando ondas placenteras. Mi cuerpo empezó a sentir un calor extraño y sentía que mi piel se humedecía de sudor. La sangre agolpaba en mi cerebro porque mi cabeza ya descansaba sobre la arena. En cada envestida Fernando me acariciaba las nalgas y respiraba agitadamente y a mí me arrancaba largos gemidos cada vez que me metía esa enorme verga que ya me parecía deliciosa. No podía creer que me estuviera entrando esa verga tan gruesa en lo que yo creía que era mi pequeño ano que se ajustaba perfecto alrededor del enorme tronco. En cada metida me quedaba bien ajustado hasta podía sentir claramente el flujo de sangre que recorrían las hinchadas venas a lo largo y ancho de la verga y los músculos de mi culo se distendían a más no poder y eso era justo lo que le gustaba a Fernando, y lo estaba disfrutando demasiado pues se movía como loco con el mete y saca y yo también pues lo estaba acompañándo en el vaivén.

    Yo estaba experimentando sensaciones que nunca me imaginé se podían sentir. Esto no se comparaba con el dolor inicial, esto era diferente que las mamadas que le di y me agradaba de sobremanera, sobre todo cuando Fernando cambiaba de ritmo, de rápido a lento y de lento a rápido. El grosor de su pene y el tamaño era descomunal, pero como me estaba gustando demasiado lo aguantaba y le pedía más y más, y gemía y le gritaba que me siguiera penetrando, "destrózame el culo, quiero que me partas en dos, métemela toda todaaaaa". Incluso me gustó que me la sacara toda y de un solo movimiento me la volviera a meter desde afuera, limpiamente me enchufaba y me gustaba porque sentía que me llenaba de aire mis intestinos al metérmela y daba la sensación de que me llegaba más adentro, hasta las profundidades que el aire invadía y pues ese mismo aire yo lo arrojaba cuando me sacaba completamente la verga como si me estuviera echando “pedos”. Pero aún así me lo seguía haciendo y supongo que a él le gustaba sentir que me estaba sacando los pedos como si fueran un trofeo, o a lo mejor le gustaba ver el boquete redondo en que se había convertido mi culo al sacarla toda, porque muchas veces me la sacó toda y me la volvió a meter de un fuerte empujón y de vez en cuando me escupía en el boquete y podía sentir su caliente y espesa saliva resbalar al interior de mi ano, "aaahhhhhh mmmhhhh que ricoooooo" le decía. Eso era maravilloso porque mantenía la lubricación de mi distendido culo todo el tiempo.

    Y luego volvía a iniciar movimientos rápidos y con ellos me ponía en orbita y durante el vertiginoso metisaca me preguntaba frenetico que si me gustaba y yo le decía que si en medio de largos quejidos, que no parara, que me siguiera cogiendo así de rico y le volvía a gritar que me la metiera toda, que quería que me hiciera más y más rápido para seguir disfrutando esa maravillosa verga y así lo hizo, más rápido, más vertiginoso, más sabroso "aaahhhhhh aaahhhhhh aahhhhhh delicioso" hasta que luego de muchos minutos de duro y sabroso metisaca, con un movimiento brusco de sus manos me separó las nalgas a todo lo que dan como queriendo partirme en dos y con un fuerte empujón y un largo quejido me complació en lo que le pedía a gritos, me ensartó su enorme verga erecta hasta la raíz al tiempo en que comenzaba una copiosa eyaculación. Justo en ese momento sentí que algo en el fondo de mi ano se acopló y permitió que entraran los diez o doce centímetros más de esa verga ardiente que se les había negado la entrada para llegar hasta el tope y me provocó un fuerte gemido de placer. Claramente pude sentir como un chasquido en mi interior cuando la cabezota de su enorme verga erecta venció la última resistencia que le faltaba para entrar a todo lo da y llegar a profundidades inesperadas. A diferencia del principio esta vez tuve una sensación placentera formidable "aaaaaaaaaaahhhhhh".

    Fernando pensó que el grito era de dolor y muy a su pesar comenzó a retirar su pene lentamente mientras seguía arrojándome a borbotones su cálida esperma porque la eyaculación estaba en plenitud, pero yo con un movimiento inconsciente, hice mis nalgas hacia atrás como para no dejarlo salir y de un tiro me volví a ensartar los veintinueve centímetros de gorda y sabrosa verga limpiamente hasta el tope y con mi mano lo agarre de una nalga para que se quedara pegado a mí y pude sentir sus testículos reposando en mi trasero y pude darme cuenta que ni un milímetro de su magnífico instrumento quedaba fuera de mi agradecido ano. Qué bien me sentía estar penetrado por esa enorme lanza. El placer que me provocaba era rico, delicioso. Los fuertes torrentes de esperma que parecían no tener fin seguían fluyendo como un volcán en erupción y era espesa y ardiente como la lava y eso me daba más placer aaaaaaaaaaahhhhhh, aaaaaaaaaaahhhhhh, por la posición en la que me encontraba sentía como me estaba llenando los intestinos con los chorros de su espesa “leche”. aaahhhhhhhhhhhh que lleno me sentía con esa verga, mis entrañas estaban repletas con carne gruesa y maciza y chorros de leche ardiente. Podía sentir su glande palpitando al fondo de mi culo cuando escupía cada uno de sus deliciosos y ardientes chorros de blanca esperma y en respuesta las paredes de mi culo se aferraron a ese grueso cilindro de carne que me taladraba y comenzaron a palpitar también a su alrededor, mi esfínter se aferraba a las hinchadas venas del tronco y se apretaba y se contraía como queriendo extraerle hasta la última gota de esperma y eso le provocaba largos gemidos a Fernando que daban a entender que lo estaba disfrutando al máximo igual que yo. La copiosa eyaculación fue llegando a su fin y a pesar que yo quedé con los intestinos completamente inundados no quería que terminara. Quería que esa enorme verga erecta se quedara allá adentro porque me hacía sentir muy pero muy bien.

    Los gemidos de Fernando pararon y con voz entrecortada me preguntó si me había gustado y yo le dije que si, que había sido maravilloso, que su verga era deliciosa, que esa última envestida me había encantado, que me había llegado al corazón y que si la podía volver a repetir me haría completamente felíz. Y él ni tardo ni perezoso, demostrando que tenía el control y la razón me dijo, "ya ves que yo te dije que te la iba a meter toda y que te iba a gustar y no me creíste", mientras retiraba su pene muy lentamente hasta la mitad con lo que me provocó nuevamente la misma sensación de placer pero creo que vi las estrellas cuando con un fuerte empujón me la volvió a meter toda. aaahhhhhhhhhhhh Ahora si me tenía ensartado hasta la empuñadura. aaahhhhhhhhhhhh Que verga tan maravillosa, grande, gruesa, jugosa, sabrosa. Cuanto placer me estaba proporcionando, todavía estaba dura como una roca y mi ano estaba lubricado e inundado por la eyaculación y perfectamente acoplado a su largura y su grosor como si fuera una funda hecha para semejante pistolón. Después de esa envestida vino otra aaahhhhhhhhhhhh y yo la acompañe con mis quegidos otra vez y luego otra mmmmmmmmhhhhhhhhhhhh y otra más aaahhhhhhhhhhhh, y en este nuevo mete y saca podía sentir que sus testículos se azotaban contra los míos cuando me la metía hasta el tope y para mi gusto había momentos en que hasta allá adentro se detenía, porque yo tenía mi mano metida entre mis piernas y lo atrapaba de las bolas y no lo dejaba retirarse. Además de disfrutar el tieso pene yo quería acariciar sus testículos y los míos también, pero yo creo que de igual forma, a él le gustaba sentir su pene ensartado en su totalidad.

    A veces me la sacaba hasta afuera para ver mi ano rezumando esperma y de un solo movimiento toda me la volvía a meter hasta la raíz y con la presión del aire me empujaba el esperma más adentro y otra y otra vez hasta que sus movimientos fueron otra vez vertiginosos, fuertes, briosos, pero ahora sacaba su pene hasta el glande y de un solo envite me ensartaba los veintinueve centímetros otra vez. Que rico era sentir cada centímetro de esa enorme verga taladrar mi culo. Y todos me gustaban, pero los últimos centímetros que entraban eran los que saboreaba más. Algo abrió en mi interior que me estaba proporcionando mucho placer con la frotación de su glande y el trozote de su pene que pasaba por ahí. Y yo continuamente separaba mis nalgas con ambas manos para que esa vergota pudiera entrar hasta la raíz sin ningun obstaculo que se lo impidiera y así siguió un mete y saca delicioso desde la punta hasta la raíz que hasta la baba me estaba escurriendo por la boca mientras que por el ano me escurrían las gotas de esperma que se derramaban por el movimiento del pene al entrar y salir. Y así siguió el mete y saca, mete y saca hasta que tuvo una segunda eyaculación. Con el espasmo sentido por los nuevos chorros de esperma en el fondo de mi culo se dejó caer en mi espalda y su peso me hizo tenderme en la arena. Yo también estaba cansado y me sentía totalmente ensartado por su enorme y chorreante verga erecta y así que me quedé tendido, inmóvil mientras Fernando jadeaba sobre mi hombro y mi oreja y su enorme verga seguía dentro de mí sacando a chorros su calor. Ambos seguíamos disfrutando porque en esa postura mi ano apretaba la raíz de su majestuosa lanza un poco más, obstruyendo el paso del esperma que todavía estaba saliendo y eso le provocaba más placer. Nunca me imaginé que esa enorme verga erecta me pudiera entrar en el ano ni que me fuera a proporcionar tanto placer. Fernando me lo metió todo cuentas veces quiso y tanto goce me provocó que ya no quería que me lo sacara, pero sobre todo que lo dejara metido hasta la raíz. Para tratar de compensarme busco mi pene y me empezó a masturbar primero suave y después rápido hasta que también yo alcance una gran eyaculación. Y con los espasmos de mi venida los músculos de mi ano se contraían alrededor del grueso cilindro de carne apretándolo todavía más, hasta que ambas eyaculaciones terminaron y nuestros cuerpos fatigados quedaron entrelazados. Parecía que el tiempo se detuvo. Después de un largo rato pude notar que su erección estaba disminuyendo, pero aún así permaneció dentro de mí porque era placentero para ambos tenerlo alojado en mi interior.

    Minutos después Fernando retiró esa sabrosísima verga que tanto placer le había proporcionado a mi ano y al verla totalmente cubierta con la mezcla de fluidos que se generó en mi interior, me pide que con la lengua se la limpie desde la punta hasta los testículos que les escurrían gotas de blanca esperma. Y yo no tardé más que un segundo en adivinar sus lubricas intenciones así que me dispuse a complacerlo hasta el fin. Rápidamente me incorporé hasta ponerme de rodillas frente a él una vez más esa tarde y ya sin ningún recato me sampé su cabezota en mi boca y deliciosamente la chupé y saboreé por primera vez el esperma y de inmediato me gustó, que agradable sabor. Y me dedique a recorrer a lenguetazos toda la extensión de su verga que aunque ya había perdido la erección se veía enorme. Pasé mi lengua desde la raíz y los testículos hasta la punta, recogiendo todos los residuos de leche que se encontraban untados en el grueso mástil y que yo tragaba habidamente. Paradójicamente por el ano se me escapaba a raudales la más extraña y estruendosa mezcla de aire y esperma. Cuanto dure así, no lo sé, pero sabiendo la cantidad de esperma que Fernando arrojaba en cada eyaculación y que yo había recibido dos grandes descargas, sabía que mis intestinos estaban bastante llenos y que tenía que desalojar todo. Mientras eso sucedía, ya había limpiado por completo la gruesa verga de Fernando con mi lengua que con semejantes caricias estaba adquiriendo nuevamente su acostumbrada rigidez. Así que la tome entre mis manos y comencé a recorrerla completa de adelante para atrás, la estela de saliva que dejó mi lengua servía como lubricante y permitía las caricias de mis manos. De vez en cuando escupía sobre su glande para facilitarme las sobadas en toda su longitud, hasta que volvió a ser la verga gorda, gruesa y sabrosa que me encantaba acariciar.

    Antes de que Fernando me lo pidiera me introduje en la boca esa gran cabeza y comencé a succionar con más entusiasmo que en la ocasión anterior. Me llenaba por completo pero me daba mis mañas para mamar ese glande tan sabroso. Fernando empezó a acariciar mi cabeza y el cabello en señal del placer que estaba sintiendo y yo le correspondía succionándole fuertemente su gruesa verga. Y pronto empezó a sacar y meter su glande en mi boca mientras mantenía firmemente asida mi cabeza para que no me moviera ante los envites que poco a poco se fueron haciendo más violentos y profundos. El glande iba ganando terreno porque avanzaba un poco más adentro de mi boca hasta que llegó al fondo a tocar mi campanilla que se convirtío en el último obstaculo para penetrar hacia mi garganta y cuando el sacaba su verga de mi boca, yo aprovechaba para respirar y para arrojarle en el glande la saliva que inundaba mi paladar y se la untaba a lo largo de la lanza con mis dos manos lubricandola más y más. Y así pasó una y otra vez, su verga entraba y salía en mi boca y yo lo dejaba hacerme como quisiera, sentía cuando su glande chocaba con mi campanilla y a veces lo mantenía ahí haciendo gran presión y entonces el me sujetaba firmemente de la cabeza y trataba de acomodarme para que su enorme verga penetrara un poco más, pero casi siempre terminaba ahogandome y me retiraba de su verga con un violento movimiento hacia atras. La saliva se me escapaba por los labios, por la naríz me escurrían mocos y lagrimas por los ojos pero no eran de dolor sino de placer y se mezclaban en mi pecho y mis piernas y con mis manos me limpiaba las lagrimas y los mocos de la naríz. Pero le volvía a escupir la saliva en su glande y se lo volvia a untar y cuando Fernando me veía descansado me volvia a introducir una vez más todo lo que podía de esa verga tan sabrosa y el aprovechaba esas metidas para dirigir su glande hasta mi campanilla y nuevamente volvía a ejercer presión.

    Yo me daba cuenta de lo que Fernando intentaba hacer pues él sabía que al vencer ese obstaculo, su verga se metería en mi garganta y seguramente la podría meter toda y lo disfrutaría mucho. Yo pensaba que eso no iba a pasar, no me imaginaba que algo tan grueso pudiera pasar a mi garganta y claro que me volví a equivocar. Como todavía no lo podía lograr siguió aferrado a la idea de empujarlo una y otra vez hasta que de plano, gracias a tanta insistencia, a que estuvo ejerciendo tanta presión y a que pudo acomodar mi cabeza logrando que mi cuello hiciera como un arco con su verga, con un firme empujón el glande entró por completo en mi garganta permitiendo que un poco más de la mitad de esa gruesa y deliciosa verga entrara en mi boca dejandome la sensación de un lleno perfecto en mi garganta y Fernando la mantuvo ahí lo más que pudo, hasta que sentí ganas de vomitar pero lo ajustado de la verga en mi traquea no permitió que nada saliera de mi estomago, sino por el contrario, con el esfuerzo que hice arrojé lagrimas por los ojos y nuevos chorros de esperma por el ano y luego me retiré de su verga con un violento movimiento hacia atras, jalando aire y escurriendo saliva a más no poder.

    Fernando espero que me concentrara un poco y volvió a insistir en meter su ensalivada verga en mi recien desvirgada garganta, "ahora habia que meterla toda de una vez" dijo, cosa que me parecía sensacional. Así que volvió a meter su verga hasta la mitad de un solo intento, pero esta vez con mayor facilidad porque ya había encontrado la forma y me la volvió a meter una y otra vez. Y comenzó un delicioso y lento metisaca que me permitia respirar y jadear, siempre con mi cabeza sujetada firmemente con sus dos manos y a cada arremetida empujaba un poco mas adentro el enorme glande que la vez anterior, hasta que repentinamente me dió un jalon hacia su vientre al momento que empujó su verga hacia adelante y me la pudo meter hasta la raíz. Sabía que eso iba a hacer en cualquier momento y yo solamente me aflojé. Aaaaahhhhhhhh que lleno me sentí, al fin pude poner mi naríz y mis labios pegados a su vientre. La tenía metida toda en la garganta y sentía que me llegaba hasta el corazón. Y me la saco toda de repente y me dió tiempo de respirar y luego toda me la volvió a meter, una y otra vez, una y otra vez. Y a veces me tenía ensartado y restregadose en mi rostro, como queriendo meter un poco más, pero ya no podia porque en cada metida toda me la tragaba. Que su verga chocara con mi campanilla, jajaja eso ya había quedado atras, ahora su glande pasaba libremente por esa entrada porque ya estaba perfectamente amoldada para el. De vez en cuando me retiraba de su verga para poder tomar aliento y descansar un poco del esfuerzo, pero mis manos no descansaban, seguian sobando esa dura y gruesa verga que estaba perfectamente lubricada y una vez repuesto volvía por esas ricas mamadas que estaba dandole a tan sabrosa verga. En cada metida siempre me sujetaba firmemente la cabeza para controlar la entrada de la verga directa a la garganta, mientras mis manos le sobaban sus testiculos y con lento metisaca podía durar un largo rato metiendo y sacando su sabrosa verga de mi ya ensanchada garganta sin que me molestara. Evidentemente yo estaba sorprendido y cuando la tenía toda adentro no podia respirar, nunca me hubiera imaginado que esa enorme y gruesa verga resbalara por mi garganta que sentia perfectamente llena y ajustada a ese grosor.

    Y así siguió metiendome toda su gruesa y larga verga una y otra vez y poco a poco fue aumentando la velocidad hasta que empezó nuevamente a jadear y con un gesto de entendimiento me la sacó toda para que pudiera respirar y con un último movimiento, me introdujo el glande hasta el fondo de mi garganta y ahí dentro me arrojó la primer catarata de riquísima esperma espesa y viscosa con tal fuerza que comenzó a resbalar directamente hacia mi estomago y después vino otro potente chorro y otro y otro más, hasta que ya no pude aguantar la respiración, así con un movimiento hacia adelante, me introduje en su totalidad su enorme verga erecta hasta que mis labios tocaron su vientre y me hice cosquillas con su vello púbico y de un solo tirón me la saque por completo para respirar profundamente aunque me atragantara con el esperma que me había dejado en la garganta. Una vez llenos de aire mis pulmones procedí a recibir en mi boca y a beber toda la espesa esperma que Fernando arrojara en su tercera eyaculación de la tarde. Con gran placer tragué y disfruté cada uno de los torrentes de sabrosa y ardiente "leche" que salían de esa magnífica verga hasta que ya no salió uno más. Entonces me día a la tarea de limpiar con mi lengua toda su verga que se veía larga, gruesa, cabezona y jugosa. En pocas palabras, sabrosa. Ante esa maravillosa vista y en señal de despedida, quise sentirla una vez más en mi garganta, pero esta vez lo iba a hacer yo solito, asi que lo agarre de las nalgas con ambas manos y con un firme movimiento de mi cabeza y con la ayuda de los restos de esperma que todavía estaban en mi garganta, logré insertarmela por completo hasta que mis labios tocaron su vientre otra vez y pude lamer sus testículos. Hice un vertiginoso metisaca para sentir como se deslizaba el glande adentro y afuera de mi ajustada garganta y después la retiré por completo de mi boca, le di varios besos tronados en el glande hasta que Fernando volvió a agarrarme de la cabeza con sus dos manos y con movimientos bruscos me la ensartó hasta la raíz una y otra vez hasta que yo me safé porque necesitaba respirar y él aprovecho para decirme “ya es tarde, vamos a asearnos en el rio y nos regresamos a trabajar y otro día volvemos por las muchachas”, luego camino y se metió al agua y se empezó a lavar el pene que todavía se veía enorme. Yo me quede incado, escurriendo saliva y esperma por mi boca, lagrimas por mis ojos y esperma por mi ano. Despues me incorporé y caminé por la arena y en cada paso todavía se me escapaban algunos chorros de esa deliciosa esperma por mi regocijado y satisfecho ano, así que chorreando “leche” entre en el agua. Tenía curiosidad de ver de qué tamaño me había quedado el boquete, pero solo sentí mi esfínter muy suave y mientras me lavaba con mucho cuidado, podía meter mis dedos sin dificultad esperando que se me saliera todo el semen. Una vez que terminé de lavarme, nos vestimos y nos fuimos a trabajar. En el camino no hubo palabras sobre lo que acabábamos de hacer y nunca más volvió a suceder otra aventura igual.
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  2. #2
    lexus18 está desconectado Comentarista de Relatos
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    Respuesta: Perdí mi virginidad con engaños, pero me gustó

    hey bro.... me gusto tu relato, me la puso biendura!!! pero si se me hizo muy exagerado!!!!!!!!!

    saludos

  3. #3
    Poimenh está desconectado Lector de Relatos
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    Respuesta: Perdí mi virginidad con engaños, pero me gustó

    Muy buen relato, está excitante.

  4. #4
    Avatar de macus
    macus está desconectado Lector de Relatos
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    Respuesta: Perdí mi virginidad con engaños, pero me gustó

    me encanto tu relato

  5. #5
    joshuaherd está desconectado Comentarista de Relatos
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    Me gustó el relato, esa fue una buena cojida, me puso a millon, me humedec´un poco. ufffff. un poco exajerado pero bueno.

  6. #6
    Avatar de SAILORSCOUT
    SAILORSCOUT está desconectado Crítico de Relatos
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    Respuesta: Perdí mi virginidad con engaños, pero me gustó

    irreal pero exitante, la verdad supiste captar mi atención. OJO no abuses de los detalles, estás repitiendo lo mismo hasta tres veces en un mismo párrafo solo que con diferentes palabras.

    Me hubiera gusta mas si lo hubieras hecho de manera clara, precisa y concisa; pues parecían tres relatos en uno solo.
    1-En el cine.
    2-Sus inicios (versión para relatos heteros)
    3-La cogida que te dio.
    Cuidado con exagerara medidas del pene. Pero en general me gusto, espero leer más relatos tuyos, solo escucha las sugerencias.
    [COLOR="Red"]una cogida es como el agua... no se le niega a nadie...[/COLOR]

  7. #7
    Aqulies Dante está desconectado Lector de Relatos
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    Respuesta: Perdí mi virginidad con engaños, pero me gustó

    que buen relato pero dime por que no se repitio y cuando te distes cuenta de que te engaño y por quepaso es veridico y si puedes manda tu imeil

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